Durante los últimos años, en Chile, se ha ido notando más y más el descontento del pueblo por la
clase política y el modelo impuesto en la dictadura; Ya no es extraño escuchar
gente que se queja de las condiciones laborales, bajos sueldos, etc.
Sin embargo, una de las demandas que más se ha escuchado y ha
tenido acogida por la gente es la demanda de la ciudadanía por una educación
gratuita y de calidad, impulsada el año
2006 por los estudiantes, en la llamada “revolución pingüina”. Entre debates
entre los dirigentes estudiantiles y el gobierno, se escuchaban negativas por
parte del gobierno alegando falta de recursos. Sin embargo, después de mucho
tiempo esperando, al fin se promulgó la ley corta de la educación gratuita. Además, entre sus líneas destacan los requisitos para optar a ella.
Hay variadas opiniones con respecto al tema: algunos hablan
sobre lo bueno que es, otros dicen que está hecho muy de prisa y no tiene en
cuenta todos los aspectos que debería considerar.
En principio es algo bueno para las personas que no pueden
pagarlo, y puede ser visto como un derecho, pero también hay que tener en cuenta que las
personas más vulnerables, que por su ambiente social, generalmente no son las
que llegan a la universidad, sino las que más tienen oportunidades para poder
desarrollarse tranquilamente.
Entre los requisitos para optar a la gratuidad, es necesario
pertenecer a los primeros cinco deciles,
en el cual el ingreso per-capita está en el rango de 125.000 a 155.000 pesos si
se tiene en cuanta lo caro que está la vida en chile, no es difícil ver que
esta gratuidad está dirigida a las personas que casi no se encuentran
regularmente. Además en un principio se dijo que serían los seis deciles más
vulnerables.
También, existen críticas que se hacen a las autoridades
responsables por la poca objetividad a la hora de la selección. Se cree que la
gratuidad por sí sola no es una buena alternativa si no va acompañada de calidad, tanto de las
instituciones como del alumno. En este sentido es algo muy lógico, dado que se
han dado casos como el caso de la UBA de argentina donde los alumnos se
despreocupan mucho por tener gratuidad.
Existen muchas opiniones, todas razonablemente coherentes.
Solo falta ver cómo evolucionará este tema con el paso del tiempo.